El patrimonio en tensión

Por Antolín Magallanes

El traslado físico de un punto a otro de la Ciudad de Buenos Aires nos pone en una situación de tensión acerca de temas vinculados con el patrimonio y su forma de abordarlo por parte del Gobierno de la Ciudad y del gobierno nacional. Luego de recorrer las obras de recuperación del Transbordador Nicolás Avellaneda, en La Boca, que son parte del saneamiento integral del Riachuelo, de sentir la emoción de que ese maravilloso artefacto finalmente se recupere y se lo saque de la terapia intensiva en la que estuvo por cincuenta años, nos dirigimos a tomar café a la Confitería El Molino, en Congreso. Allí, donde grupos de entusiastas que hace años vienen bregando por la recuperación del edificio finalmente fueron escuchados.

Ambas obras son del gobierno nacional. La Dirección Nacional de Vialidad recupera el transbordador y luego de la media sanción legislativa que le falta el proyecto de recuperación de El Molino se recuperará con presupuesto del gobierno nacional. Al igual que el otro puente Nicolás Avellaneda, el más moderno, que ya fue rescatado, los edificios del Ministerio de Agricultura sobre Paseo Colón, el Palacio de Correos y Telecomunicaciones de Corrientes y Leandro N. Alem, la Casa de Gobierno en conjunto con la Aduana Taylor, el mural de Siqueiros y el Congreso Nacional. Sin nombrar otras intervenciones no específicas del patrimonio, como el subte que conectará Plaza de Mayo con Retiro, las Bodegas Giol, que a fuerza de ciencia y tecnología cambió esa zona de Palermo, la cesión del bajo autopista de La Boca en favor de la ciudad y la recuperación de la Vuelta de Rocha en el mismo barrio.

Cuántos beneficios, ejecutados con presupuesto nacional, para una ciudad, ¿no? En otros momentos y con menos dinero muchos nos las ingeniamos para recuperar la Casa de Gardel, la logia Hijos del Trabajo y su neo egipcio masón en Barracas, la gloriosa y vecina Sociedad Luz, la casa Pantano en el Abasto, el edificio de la Escuela Taller del Casco Histórico, en Brasil y Paseo Colón, hoy amenazado también por la piqueta.

Por eso no entendemos ¿cuál es el pretexto para no recuperar la casa de Filiberto en La Boca? ¿Económico? ¿El metrobus se puede cargar así porque sí un sitio de la memoria como es el Atlético y el edificio de Brasil y Paseo Colón? Y siguiendo la misma línea hacia La Boca, el edificio Marconetti, o lo que ocurrió en la plaza Intendente Alvear con el subte (Plaza Francia para los funcionarios porteños) o los autos del TC 2000 rugiendo junto al Cabildo, la Richmond y su nuevo cafecito entre un millón de pares de zapatillas, los 36 Billares, los ornamentos del mástil de Plaza Colombia, y siguen las víctimas…

Tan pobre es la atención que se tiene desde la gestión a la identidad porteña, tan viciada de argumentaciones leguleyas y económicas y tan tristes han sido, como llegar al colmo de la impotencia y enjuiciar a una ONG, como Basta de Demoler. Todos estos son sólo ejemplos que evidencian cómo, en la ciudad más importante del país, se trata el patrimonio.

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Autor: Jimena

Antropóloga

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