Masa crítica

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Con cuarenta pisos y mil apartamentos, supermercado y piscinas, banco y escuela —todo virtualmente abandonado en el cielo—, había en el edificio oportunidades más que suficientes para la violencia y la confrontación. Sin duda el apartamento-estudio del piso veinticinco era el último lugar que Laing habría escogido como campo de batalla inicial. Esta celda demasiado costosa, insertada casi al azar en la fachada vertical del edificio, la había comprado después de divorciarse, atraído sobre todo por la tranquilidad y el anonimato del lugar. Curiosamente, pese a todos los esfuerzos de Laing por mantenerse apartado de los dos mil vecinos y de la única vida comunitaria que ellos conocían, una ininterrumpida sucesión de riñas y enojos triviales, sin duda había sido aquí donde había ocurrido el primer acontecimiento significativo, en este balcón donde ahora se acuclillaba junto a una hoguera de guías telefónicas, comiendo el cuarto trasero asado del ovejero alemán antes de ir a dar clase en la escuela médica.

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Autor: Jimena

Antropóloga

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