El Espectador | Tercer Milenio

cartucho

El Colectivo 720 ganó recientemente el concurso para transformar el Parque Tercer Milenio de Bogotá. Al respecto, la Alcaldía informó que, tras recibir 22 propuestas, se escogió la propuesta que garantizaba “la sostenibilidad del parque reconociendo su lugar en el paisaje natural y cultural”. El proyecto, explicaron, contempla la creación de una cicloruta de 1,2 kilómetros de extensión, una calle-plaza de 16.300 metros cuadrados y dos franjas de actividades recreativas que incluyen canchas de tenis.

Con esta ya son una, dos y tres las intervenciones oficiales en este pedazo del centro, que durante la década del 70 se conformó como lugar de compra, venta y consumo de bazuco. La primera intervención fue la ejecutada por fuerzas armadas, que durante el primer periodo del alcalde Enrique Peñalosa desalojaron el sector. Pese a la respuesta, en ocasiones armada, de pobladores del sector, que para fin de los 90 registró tasas de homicidios superiores a los 1.000 muertos por 100.000 habitantes, la policía logró vaciar el espacio de gente y de sentido. La antropóloga Íngrid Morris ha escrito sobre cómo, tras un proceso asimétrico de negociación en el que los propietarios de predios y los ocupantes recibieron una indemnización mínima o un ultimátum rápido, el “lugar llamado Cartucho” fue demolido. Muchos de sus habitantes, desaparecidos.

La segunda intervención fue la que quiso volver este espacio un parque. El 3 de julio del 2002 entró en servicio la primera etapa del parque Tercer Milenio, que comprendía exactamente 602 predios, distribuidos en 16,5 hectáreas entre las avenidas Décima y Caracas, y las calles Sexta y Once. El distrito sembró los predios con jardines, pistas de deporte y cemento. Pese a que entonces algunos propietarios de negocios cercanos se mostraron positivos frente a la intervención, que había “limpiado el parque”, las voces de quienes habían sido expulsados no pudieron oírse.

El parque limpio y los jardines insinuaban un cierto comportamiento moral por cuenta de las poblaciones aledañas y transeúntes. Deporte, compras y tranquilidad sugerían los locales y bancas y canchas. ¿Pero qué sucede cuando una comunidad no está convencida de desempeñar los roles que le propone un nuevo espacio?

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Autor: Jimena

Antropóloga

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