El País | Paseos, compras y viviendas cooperativas contra la gentrificación

El perímetro del Mercado Agrícola de Montevideo (MAM) era en los noventa un reconocido punto de venta de drogas, un foco de violencia y pillaje. Una zona roja enclavada en un olvidado abasto de frutas, verduras y carnes en decadencia que mantenía en pie un puñado de comerciantes. El recinto, que condensa la tradición estética y funcional de los mercadillos vecinales europeos de finales de siglo XIX, estuvo a punto de desaparecer. Pero una decidida intervención urbana lo remozó junto a todo su entorno. La barriada de Goes —donde se sitúa el mercado— estaba herida de muerte. Hoy es punto turístico, de encuentro y lugar de compras para los uruguayos.

Su esqueleto, ahora, está adornado por filigranas modernistas, finas balaustradas, figuras bovinas, mosaicos y vitrales. Pero hasta hace ocho años aquel mercado, inaugurado en 1913, estaba desvencijado, parecía un galpón raído en medio de tres manzanas de terrenos baldíos con casas ruinosas y ocupantes hacinados.

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Autor: Jimena

Antropóloga

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